Cuando terminé el secundario me enfrenté a un año sabático. La cuestión era que la carrera de Psicología que yo quería empezar no abría todos los años en mi ciudad (cada 2 años para ser exactos) y no iba a empezar de inmediato.
¿Qué iba a ser ese año? Desde que era una nena de 3 que no me enfrentaba a esta situación de no tener escuela. Estaba tan acostumbrada a seguir a una rutina, a cumplir con pautas estipuladas por terceros que tener un año completo a mi disposición se sentía muy extraño.
A principios del 2019 había decidido empezar un diario de gratitud. Había leído por ahí que expresar gratitud a diario aumentaba la felicidad, y pues, era lo que yo más quería. Ese ejercicio me ayudó a expresar tanto mis temores e inseguridades como lo que daba sentido a mi vida.
A principios (o mediados) de ese año también tuve mi primera crisis existencial. No recuerdo bien qué fue lo que causo que me quebrara, solo me acuerdo que escribí en mi diario que quería expresar perdón a todas las personas que había conocido en mi vida. Mi objetivo era reunir a todas esas personas y pedir disculpas públicas por no haber sido yo misma con ellos. Por muy disparatado que suene esto, era una idea que tuve a raíz de la pena y arrepentimiento que me daba no haber sido auténtica durante mis 18 años de vida.
De lo que más me arrepentía era de haber perdido oportunidades de conectar con las personas. Me daban pena las amistades y relaciones que nunca fueron. Todo porque me daba vergüenza mostrar quien realmente era, ser vulnerable con otros.
Esa noche que estuve reflexionando sobre pedir disculpas públicas me quebré delante de mis padres. Fue una de las cosas más valientes que hice, poder compartir que yo estaba decepcionada por quien había sido durante toda mi vida. La reacción de mis padres no fue la más alentadora, pero entiendo que debe haber sido duro para ellos escuchar esas palabras de mi. Se que hicieron lo mejor que pudieron.
Con expresar mi dolor a mi me fue suficiente. Aunque no pedí disculpas públicas a las personas, me aseguré de perdonarlas en mi corazón. Nunca me imagine el poder sanador que tenía el perdón. Esa declaración me permitió soltar pesos que estaba cargando y continuar con mi vida.
Bueno, no se si continuar con mi vida. Sino volver a nacer.
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