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Día 40 − Memorias. ¿Una nueva amistad?

Cuando ingresé a la secundaria solo conocía una compañera con la que no me llevaba mucho. El primer día de clases me senté al final de la sala, pues la mayoría me había ganado de mano y había tomado las sillas de adelante. A mí siempre me encantó estar en las primeras salas (debido a que acostumbraba a participar de las clases y mi visión no era buena) pero el primer día yo me sentía un poco lenta y perdida por encontrarme con tantas novedades.

Los primeros meses de primer año de la secundaria andaba rondando por grupos varios. No me sentía excluida pero tampoco sentía que pertenecía. La mayoría de mis compañeros eran muy agradables pero yo no llegaba a conectar con ellos. Casi a final del primer año me hice recurrente en un grupo de 3 chicas. Eran muy simpáticas y me sentía cómodas con ellas. Claramente había un lazo más fuerte entre ellas 3 que entre nosotras 4 porque se conocían desde la primaria y solían juntarse en sus casas. Yo era la que menos hablaba en el grupo, generalmente observaba con atención lo que decían y hacían los demás.

En la escuela me destacaba académicamente. Era bastante fácil para mí ponerme a estudiar y realizar las tareas que nos pedían los profesores, además de eso mis notas eran sobresalientes en la mayoría de las materias. Empecé a identificarme como ‟la cerebrito″. 

Luego de mi viaje a Japón, en 2016, en cuarto año de la secundaria las cosas comenzaron lentamente a salirse de control. No sé qué pasaba realmente pero empecé a sentirme... como podría decir... fuera de mí.

En cuarto año, llegó a clase una nueva compañera que acababa de mudarse de Buenos Aires. Era una chica muy reservada que se la pasaba dibujando en clases en un extremo de la sala. Era muy raro parecía buena e interesante, pero casi nadie se le acercaba a hablar :(

Un dia cuando estaba acompañando a mi grupo de amigas al baño, me encontré con esta chica. Empezamos a hablar de algo muy trivial (no recuerdo quien empezó la conversación) y nos dimos cuenta que teníamos una conocida en común. Yo le conte que jugaba al golf, luego me conto que tenia una amiga que jugaba al golf. Me contó cual era el nombre de su amiga y oh casualidad yo también la conocía. Nótese que el nombre y apellido de nuestra conocida era muy común y al final termine rematando con el segundo apellido de la chica y pudimos comprobar que hablábamos de la misma persona.

Así fue como rompí el hielo con esta chica. Me cayó realmente muy bien, era profunda e interesante. Al igual que yo, era una persona muy reservada y tímida. La imagen que me queda sobre ella es, dibujando sola en su banco mientras los demás chicos hablaban en un tono por demás alto.

Luego de que hayan pasado varios años empecé a sospechar que ambas estábamos pasando por momentos algo difíciles de explicar

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