Con sueño pero feliz de terminar el Día 3.
Hoy me siento orgullosa de haberme levantado 15 minutos antes porque tengo tiempo suficiente para hacer yoga, meditar y por último escribir aquí sin ningún apuro.
Termine de leer The Introvert Advantage (si! En 3 días) y comencé a leer The Secret Lives of Introverts, de Jenn Granneman.
Honestamente, no me gusto el primer libro. Siento que la autora describió con muchas generalizaciones a los introvertidos y no tuvo en cuenta que hay introvertidos que les gusta la acción, tomar riesgos y exponerse. Me pareció un tanto reduccionista. Por otro lado, siento que la autora ‟rellenó″ los últimos capítulos del libro con consejos que sonaban cute pero no me parecían del todo prácticos. En fin, voy a dar una reseña más completa de este libro el domingo en mi Video Conclusión.
Hoy quería hablar un poco sobre la culpa y la pena. No cualquier culpa y pena, sino la asociada al hecho de ser introvertido en un mundo extrovertido, sin saber que significa ser introvertido. Muchas son las personas que se sienten obligadas a socializar cuando se sienten agotados o a hablar cuando genuinamente no tienen interés por aportar nada. Este es uno de los efectos de nuestra sociedad extrovertiarcal que condena a los introvertidos por tener necesidades e intereses a la norma extrovertida.
En occidente (por general) se espera de una persona que vaya y socialice con todos, que haga muchos amigos, que vaya a fiestas y hable, que dentro de grupos opine y no se calle.
Pero lo que mucha gente no entiende es que los introvertidos no siempre funcionamos siguiendo estas reglas. Por ser minoría (1 de cada 3 personas es introvertida) no se tiene en cuenta que demasiada interacción y estimulación puede ser un gran turn off para nosotros.
Si sos introvertido es muy probable que a lo largo de la vida te hayan llamado la atención por no hablar o incluso peor se hayan burlado de vos. Pero, por favor, aquí el problema no somos los introvertidos, sino una sociedad cegada por un discurso dominante que no sabe apreciar (mejor dicho, condena) el inmenso valor que tienen los introvertidos y lo indispensables que son para traer orden y paz a este mundo.
Cerrando este tema por aquí, ser introvertido puede doler (por razones explicadas más arriba) pero de ninguna manera es algo malo o es un problema que tenés que resolver o una forma de ser que tenés que cambiar.
Más adelante, escribiré sobre este tema porque lo considero fundamental.
Cierro este día con una sensación de alivio por poner en palabras lo que me venía haciendo ruido desde hace bastante tiempo.
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